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El Covid-19 está cambiando los hábitos y conductas de todas las personas: desde nuevas maneras de interactuar hasta formas diferentes de consumir y entretenernos, todo está siendo resignificado. La virtualidad, en todas sus facetas, es la protagonista de la vida de la gente. Las distancias se acortan gracias a la posibilidad que nos da la tecnología de contactarnos con los otros, sin importar dónde estén. 

 

Y más allá de las experiencias disímiles que cada persona pueda tener, hay un dato que se pone de relieve: ante el aislamiento, la comunicación emerge como una necesidad que gana más fuerza que antes.  

 

Basta con ver algunos estudios recientes que indican, por ejemplo, el fuerte incremento del tráfico en Internet, del consumo televisivo o, incluso, del acceso a los portales de noticias. Todo esto habla de la necesidad de mantenernos informados, pero ya no de cualquier manera. Las emociones hoy están a flor de piel y lo que más buscamos en el contacto con los otros es la empatía, volver a sentirnos juntos en un contexto en el que estamos físicamente solos. 

 

Y esto aplica en lo personal y en el ámbito corporativo. Tanto los empleados como los colaboradores, proveedores y clientes (incluso aquellos que no lo son, pero que de alguna manera forman parte de la comunidad de la compañía) necesitan saber y sentir que, aunque estén aislados físicamente, no lo están emocionalmente. Hoy el silencio y la ausencia se sienten mucho más que en otro momento y, además, son sinónimo de desamparo, generando ansiedad. 

 

Necesitamos el contacto, saber qué pasa, sentirnos tenidos en cuenta aunque estemos en pijama en nuestras casas, poder preguntar y quitarnos las dudas y, principalmente, sentir que aunque todo esté cambiando hay cosas que permanecen, que conservamos: los amigos, la familia, pero también el trabajo, el socio estratégico, la marca en la que confiamos, la institución que alguna vez nos albergó, o la peluquería a la que acudimos mensualmente. Todas esas distancias sólo se acortan con comunicación verbal, pero también y sobre todo, emocional y empática. Ya no basta con informar, hoy hay que empatizar, mostrarse (genuinamente) vulnerable y hacerlo a través de una comunicación horizontal. 

 

¿Cómo aplicarlo a la empresa?

 

1- Reforzar la comunicación interna: informar a diario sobre las novedades, pasos de la compañía o nuevos modos de trabajo remoto está bien, pero no es suficiente. Si tus empleados están haciendo home office, probablemente esperen mucho más de su líder en este contexto que una misiva con indicaciones o con una palmadita en la espalda. Es necesario abrir los canales de comunicación de ambas vías, escuchar sus dudas y consultas, proponer instancias de intercambio donde no sólo puedas dar instrucciones sino también ofrecer soporte emocional, recibir las sensaciones e inquietudes de quienes están llevando adelante hoy a la empresa. Esta puede convertirse en una oportunidad de oro, que refuerce el sentido de pertenencia de los colaboradores y le dé solidez a la organización. 

 

2- Abrir canales de comunicación con clientes y proveedores: no importa si tu firma está en un stand by forzado, darlo a conocer será fundamental para quienes confían en ella. Pero además, será clave que puedas escuchar y entender qué esperan ellos de tu firma en este tiempo. Quizás, incluso, encuentres una salida que hasta hoy no tenías en cuenta, una nueva necesidad que puedas cubrir o simplemente puedas tender un puente empático para reforzar el vínculo. Lo importante es que no desaparezcas, que sepan que estás, que sigues ahí o que cuando todo esto pase volverás, y que además pueden contar con tu apoyo.

 

3- Robustecer la comunidad: esta es una palabra muy usada, sobre todo en redes, y hoy es casi vital para muchas empresas. En este momento la comunicación emocional es más importante que la verbal, y llegar a aquellos que ya se sentían interpelados por tus valores, recordarles que estamos todos juntos en esta situación, interactuar, redoblar la presencia en las redes o en los medios tradicionales, y hasta ampliar el estilo y tipo de usos que les dabas puede ser la diferencia entre fidelizar o no. Todos recordaremos, una vez terminada la cuarentena, a aquellos que estuvieron a nuestro lado, incluidas las marcas.


Algunos tips rápidos para comunicar emocionalmente (en la vida y en la empresa)

 

  • Anímate a usar la subjetividad. Todos estamos involucrados en esto, nos están pasando las mismas cosas que al resto del mundo. Es hora de dejar los imperativos y la objetividad de lado a la hora de hablar, pedir o responder. 
  • ¡Dales la bienvenida a las emociones! Dejar que fluyan, adjetivar, pero sobre todo poner en práctica los verbos emocionales: temer, preocupar así como ilusionar o amar son más que válidos en este tipo de comunicaciones y contacto con los demás.  
  • Acortar distancias. Para esto, no hay nada como el contacto físico, algo a lo que hoy no podemos acudir. Sin embargo, la tecnología nos permite estar presentes de manera virtual. Ponerle gestos, miradas y tonos a tu comunicación es fundamental. El streaming, las videollamadas o enviar un video en lugar de un simple texto pueden marcar la diferencia.
  • ¡Escucha! Nada de lo que hagas será cien por ciento efectivo si no le sumas la escucha. No basta con mandar un video emotivo, llamar a alguien y expresarle el temor ante la situación o la ilusión por volver a verse si además no te tomas el tiempo de escuchar activamente lo que el otro tiene también para decir, pedir o responder. No habrá empatía posible si la comunicación no es en ambas vías. Así como quieres ser escuchado, los demás también desean lo mismo.  

 

Hoy resuena con más fuerza que antes eso de que “estamos en la era de la comunicación”. Lo estamos, pero no sólo porque hay cada vez más canales disponibles para emitir mensajes o recibirlos, sino porque la interacción, el estar al tanto de lo que está sucediendo, expresar lo que nos pasa y conectar espiritualmente a través de diferentes herramientas se convirtió en una cuestión de supervivencia.

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